¿Qué está generando la homosexualización masculina? La respuesta está -en parte- en la tecnología avanzada que ha sido puesta al servicio de la represión para sostener el orden de los sistemas sociales que se han establecido a lo largo de la historia, no dejándole al ser humano, pero especialmente al varón, otra alternativa que rendírsele a los poderes que lo controlan, degradándose su esencia humana, hasta el extremo de afectarla sicológica y moralmente, lo que también lo afecta en su sexualidad.
Una vez que el hombre es convencido de que ya no tiene más opciones que la de cooperar y someterse al sistema que lo gobierna y en cual se formó, todo ello le va reduciendo el hombre de acuerdo a como lo conocíamos y habíamos percibido, terminando por homosexualizarlo.
Considerando que son casi nulas las posibilidades que tiene el hombre de que se rebele sin que sea neutralizado, todo esto lo va afectando psicológicamente, afectando su sistema nervioso y emocional hasta hacerlo perder totalmente su habilidad de responderle a situaciones en las que se requiere del valor que alguna vez lo caracterizó,
Así como la idea de una vida sometida a un dominio extraterrestre es aterrante, también es aterrante el que exista hoy en día una tecnología que se ha virado contra nosotros mismos, espiándonos y siguiéndonos en todas partes, sin dejarnos más posibilidades que la de seguir mansamente la pauta del poder que nos gobierna; un poder omnipotente con capacidad de infligirle al ser humano un sentimiento de impotencia que puede llevar al hombre a perder su virilidad al sentirse incapaz de poder enfrentarse a los chantajes y desmanes de éste, pudiendo llevarlo, incluso, a un afeminamiento y alienación que lo homosexualizaria, lo que seria quizás su única alternativa para desvincularse de sus deberes de varón, lo que va avergonzando cada vez más a las mujeres por traer al mundo a unos seres muy por debajo de sus expectativas, o sea, de lo que ellas esperarían de un verdadero humano varonil.
El que uno tenga que rendirsele a un poder contra el que no puede luchar, es una situación tan desmoralizadora en la sicología del hombre moderno que difícilmente la naturaleza masculina actual pueda aceptar inmunemente tanta humillación y sentimientos de impotencia sin que se enajene más allá de las formas comunes que afectan a la inmensa mayoría de los seres humanos. Es así como los sofisticados cuerpos represivos que se han creado para proteger los intereses que forman parte del statu quo, van logrando cada día más mongolizar al varón, quién deja de fantasear que de sus músculos y habilidades podría valerse para hacer justicia ó para hacer valer su dignidad _bien resolviendo a puñetazos una disputa ó bien buscando escapar de las humillaciones de los que lo explotan, arrebatandole a otros un poco del poder que contra él mismo es usado_, todo lo cuál lo va desintegrando de su esencia y lo va convirtiendo en un simple soquete acobardado y manso que se siente mejor cuando se humilla hasta lo más profundo _o sea, cuando se homosexualiza para negarse a reproducir su deformación_, que cuando pretende sostener una posición ante la vida que sabe que va a ser ridiculizada si intenta rebelarse contra el sistema creado. En un hombre que va a las salas de los cines a aplaudir a los superhéroes de la pantalla porque todavía cree que la injusticia no debe pasar impunemente, el encontrarse con la realidad de que no puede hacer nada para evitar su fusilamiento moral, esto es algo que lo reduce al nivel de una persona hechizada y vencida.
Para entender mejor la cobardía y degradación que se puede ir generando en los hombres ante el “terrorismo” de los poderes policiacos y militares omnipotentes, basta con que notemos las consecuencias del sometimiento forzoso de éste a las trampas que en las sociedades modernas han sido colocadas en todas partes para atraparle en caso de que intentara reaccionar contra el orden dominante, trampas que inmediatamente lo neutralizan, casi con tanta efectividad como si estuviera en una prisión de alta seguridad: el hombre-héroe actual es el que se presta para ejercer los desmanes del estado y no que uno que se oponga a estos. No es que ya no sea necesaria la fuerza de los músculos y de coraje en el hombre porque vivamos supuestamente en una muy buena sociedad civilizada; el problema es que esos atributos del hombre han sido neutralizados y reducidos a un “pujo” por el omnipotente estado policíaco, contra el que no se puede luchar y cuál no le deja otra alternativa que seguir los parámetros del juego impuesto por el sistema, reduciendo al hombre a un simple soquete manipulado sin posibilidades de poder pensar de otra manera que no sea de la forma en que el sistema le señala que tiene que pensar y de dirigirse en la vida. En un mundo en el que la injusticia, la hostilidad y los abusos reinan por todas partes, el que los padres y esposos actuales no sean más que unos monigotes a los que ya nadie respeta _y de los que sus hijos y esposas no tienen nada de que estar orgullosos porque carecen de agallas para enfrentársele a un orden y poder que lo atemoriza_, no solo lo ha disminuido como hombre en lo físico y en lo moral sino que también en lo sexual, pues ha dejado de representar una emoción erótica para la mujer, cuál desde niña ya lo veía como un cobarde que se amedrentaba fácilmente hasta con los más mínimos problemas, resultándole en un ser despreciable con el que sabe que no podría contar para enfrentársele al difícil mundo en el que vivimos.
La psicología humana actual es muy frágil, y difícilmente esta pueda ser capaz de asimilar que debe aceptar haber perdido porque se acobardó, sin que ello la arrastre a la histeria, a la irritabilidad, a la humillación, a la perdida de la dignidad y por último a la homosexualidad, para así desprenderse de toda obligación moral que le correspondiera, de la misma manera que la mente enloquece para evitarle el suicidio a quien estaba siendo atormentado por las malas memorias de sucesos ocurridos en ella.
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